Por Raúl “Bigote” Acosta

“Padres de estudiantes de un colegio secundario de San Martín, Mendoza, fueron sancionados y deberán pagar, cada uno, multas que van desde los $25.000 hasta los $68.000, después de que sus hijos fueran encontrados consumiendo bebidas alcohólicas en un salón de fiestas; también fue sancionado el dueño del lugar…” (La noticia es del diario UNO de Mendoza)

“Señor periodista, me encantaría que pueda tomar el caso como tema periodístico. Los mismos padres que van a marchas pidiendo justicia por la tremenda muerte de un joven en Gesell, alquilan locales para que sus hijos celebren la noche antes del inicio de clases. Todos saben que la diversión incluye básicamente el alcohol…” ( es el fragmento de una nota que me enviaran a mi correo)

Cuando un boxeador tiene una pelea callejera y el caso se denuncia, en el tratamiento en la justicia tiene agravantes (si se lo considera culpable) porque sus manos, la forma de pelearse a trompadas, es parte de su trabajo profesional. Golpea de manera diferente. Sus puños son un arma. Un jugador de Rugby está preparado para los choques cuerpo a cuerpo, vamos, su cuerpo ha sido ejercitado para el choque, es un deporte de contacto. Su cuerpo es un arma.

A los boxeadores, como a los jugadores de rugby se les instruye a ser pacíficos fuera del sitio específico. Fuera del ring, fuera de la cancha. A dominar su ira. A controlar su fuerza. A ser buenos socialmente.

A los jugadores de rugby, en clara diferencia con el boxeador, con todos los boxeadores, se les instruye sobre las bondades del trabajo en equipo. Todos empujando hacia delante. Todos confiando en el uno para el otro. Al boxeador se le instruye que, cuando suena el gong queda solo y depende de sus puños. El singular y el plural son cuestiones centrales. Uno solo a salvarse. Todos juntos a ganar.

Nadie ha investigado con un enfoque sociológico, como trabajo de campo, qué familias y de qué modo se acercan a cada deporte. Hay una idea general, injusta pero muy aceptada. Los pobres y solitarios buscan ganarse a trompadas un porvenir. El rugby es un deporte que necesita de un club, una sociedad, amistades, solidaridades y se llega al deporte para encontrar eso, amistades, relaciones grupales y no para salvar su futuro y comer todos los días. Es crudo. Es real.

En todos los casos se alienta la práctica del deporte y lo que conlleva. Un fenomenal pedagogo (Aguayo) sostenía. “La práctica del deporte no solo ayuda a la fuerza y la destreza corporal, sino a forjar ciertos hábitos de acción y disciplina que contribuyen a mejorar el comportamiento y la vida en sociedad”. Una vuelta de tuerca a la mente sana está en un cuerpo sano que sostenía el viejo latinazgo.

¿De dónde viene la violencia inusitada e inatajable de un ataque en banda? Obvio que del alcohol, que desfigura comportamientos, que quita definición a los actos. Pero registra antecedentes. Siempre hay un límite que poco a poco se va corriendo. La criminalidad en banda deviene, claro está, de aquello que definía Fromm: “el hombre masa”, el que en la tribuna grita cosas y desea iniquidades que no podría sostener individualmente y en la vida diaria.

No nos tenemos que preguntar que nos dejaron nuestros padres sino que somos capaces de hacer con ello. Palabra mas, palabra menos, Sartre oferta una salida. Qué hacemos con aquello que nos dejaron los que estaban antes que nosotros. El se refería a la generación pos Guerra Mundial. Pero marca un punto. Las generaciones anteriores dejan huellas, yerros, macanas, torpezas, enseñanzas. Son el antecedente de un canto rodado, que eso somos. No hay repollos, hay padres, familias sociedades.

Los pibes que mataron a trompadas a otro pibe, actuando en banda, no vienen de repollos ni quedarán aislados. Son parte de una generación que tiene padres, familias, grupos sociales, clubes. Barrios. Ciudades. Detrás de ellos, cerca, a su lado los de su generación. La que señala el recorte del Diario UNO de Mendoza. La de el padre que paga la multa por una fiesta donde sobraba el alcohol y faltaba el control.

No quisiera volverme solemne, pero Einstein sostenía que la humanidad avanza por el sitio del último, no el del primero de la fila. Es el mismo Einstein que decía que no sabía cómo sería la próxima guerra mundial, pero estaba seguro que la siguiente sería a palos y en las cavernas. El Papa Francisco advierte de una salida mas cruel y dramática. Estamos en una guerra mundial en cuotas.

Cabalgamos una paradoja que debe ser parte de la teoría de Moebius: los pibes de Gesell son homicidas, pero en el fondo no son ellos, no solamente ellos. No solamente.

La vieja novelita policial ha perdido actualidad. El asesino no es el mayordomo.