Este sábado por la noche hubo gritos de felicidad cuando el presidente Alberto Fernández anunció que los chicos podrían volver un rato a las calles, pero este domingo en esos ojitos hay algo de miedo. Sobran ganas de salir después de cinco semanas de encierro estricto, que se hicieron eternas, pero está claro que salir implica riesgos. En este largo tiempo de aislamiento se fue construyendo lenta y cuidadosamente conciencia sobre los peligros que hay afuera y la importancia de quedarse en casa. Los padres les advirtieron a sus hijos lo que ocurría, pero también se los explicaron sus maestros en clases virtuales, hubo anuncios en YouTube y hasta carteles en sus juegos preferidos. Es difícil relajar la tensión y ajustarse rápido a nuevos criterios aunque impliquen buenas noticias. 

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Si bien algunas familias aún esperaban la letra chica del decreto presidencial o la reglamentación provincial, hubo otras que ya se sintieron habilitadas y se animaron este domingo a salir un rato con niños a la calle. Lo que descubrieron es que no es tan fácil salir. 

“Se sintió raro, como todo desde que empezó la cuarentena. Era un día hermoso para salir, pero la sensación es que te querés volver”, comenta Fernanda, sobre su caminata por bulevar Oroño.

Fueron apenas unas pocas cuadras con su marido y sus dos hijos. “Les preguntamos si caminábamos más y los nenes nos dijeron que ya estaba bien. La sensación es que estamos mejor en casa”, resume. Cuenta que se cruzaron en el trayecto con una camioneta de Control Urbano pero nadie les dijo nada “así que asumimos que está bien haber salido”.

Otros testimonios

Lucía vive con sus hijos en un departamento de 80 metros en la zona del Monumento. Cuenta que al principio los chicos no querían salir por miedo y le ponían excusas varias. “Les expliqué que estaba bien salir, que el presidente se había asesorado por expertos y que salir un poco nos iba a hacer bien a la salud, la misma que queremos cuidar cuando nos quedamos dentro”, confía.

Los convenció pero no fueron muy lejos. “Los saqué con la excusa de llevar la basura al contenedor. Salieron con toda la ropa que pudieron ponerse encima, casi un traje de protección casero. Hicimos apenas dos cuadras, saludamos a una tía que vive cerca que nos dijo hola desde el balcón y me pidieron volverse”, señala a Rosario 3.

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Cruzarse con otros en el trayecto es raro, comentan quienes se animaron a salir. Se camina en zig zag atento a la distancia prudencial que marcan las recomendaciones sanitarias. Una mamá cuenta que casi lloró cuando sus hijos se saludaron de lejos con otro nene que, al igual que ellos, hacía malabares para que no se le cayera el barbijo, que no es cómodo para utilizar en ninguna edad. “Y al llegar a casa, nos cruzamos más cerca con otro nene que al ver a mis hijos se puso tan feliz que podía notas que estaba sonriendo aún cuando usaba barbijo”, se emociona.

Paula vive con su marido y sus hijas en una casa amplia con jardín República de la Sexta y cuenta que la decisión por ahora es no salir. “Ni les contamos a las nenas lo que dijo el presidente, no dudamos en seguir adentro. Ellas no piden salir. Tienen espacio para correr y hacer ejercicio en casa, no nos parece prudente exponerlas”, dice. Una mamá que vive en Alberdi cuenta que la decisión, en su caso, la tomaron sus hijos. “No quieren salir, me argumentan que tienen patio, que para caminar cinco cuadras se quedan acá”, relata. En ambos casos, admiten que al tener espacios abiertos en sus hogares los chicos sufren menos el encierro y esta decisión no parece ser tan importante como para quienes conviven en espacios reducidos. 

Sin entusiasmos

Pero incluso muchos que viven en pequeños departamentos prefieren escuchar precisiones gubernamentales antes de pisar la calle. “Entendí cuando habló el presidente que en las ciudades grandes quedaba todo igual, nunca me entusiasmé con que pudiéramos salir. Igual espero que si podemos salir lo aclaren y claro que lo vamos a festejar”, remarca Paola. Ella y su pareja entienden que es importante que dejen salir a los chicos al menos un rato por día. Son cinco conviviendo en un espacio bastante reducido. “Ya es demasiado tiempo adentro. De alguna manera deberían aflojar las restricciones”, se esperanza.