Lagomarsino quería el pasaporte para ir a Disney

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Así, el joven técnico en informática acudió a buscar el consejo del mejor penalista que estaba a su alcance. Nombró a Maximiliano Rusconi, ex abogado del ex presidente Carlos Menem, titular de cátedra en la Universidad de Buenos Aires, ex fiscal y uno de los primeros en el concurso para ser Fiscal Nacional de Investigaciones Administrativas. El año pasado, en el juicio contra el fiscal José María Campagnoli, declaró en su favor.

Lagomarsino se reunió ayer cinco horas con su nuevo abogado. Se quebró por momentos, sollozó ante la presión que soporta y los problemas familiares que le trajo aparejado quedar imputado en la causa por la muerte de Nisman. Le contó a su abogado que él le hacía trabajos de informática a Nisman y a su ex mujer, la jueza Sandra Arroyo Salgado, tanto en la fiscalía como en su casa. Era un hombre de plena confianza del fiscal. Le contó que Nisman lo llamó el sábado para convocarlo a su departamento y que allí le pidió el arma. Lagomarsino, según le relató a su letrado, le dijo que su Bersa calibre 22 era vieja y no funcionaba bien. Trató de disuadirlo.

Nisman le contó que tenía miedo de que “algún fanatiquito” lo atacara cuando estaba acompañado de sus hijas, y buscaba con qué defenderse. Dijo que no importaba que no funcionara, al menos iba a tirar al aire.

Nisman le dijo, ofendido: “Nunca te pedí nada y ahora me negás este favor”, por lo que Lagomarsino, dolido, accedió a entregarle su pistola, según lo que trascendió a partir de su defensa. Fue a su casa de Martínez, buscó el arma que tenía desarmada -por un lado el cuerpo, por otro el cargador y por otro las balas- y se la llevó a Nisman a Puerto Madero.

Llegó cerca de las 19, entró por la puerta de servicio, la misma que usó en su primera visita. Salió por la puerta principal. Las cámaras de seguridad lo captaron la primera vez que entró, pero no cuando salió.

Lagomarsino explicó que en el ascensor principal se encontró con cinco personas a las que podría identificar, por lo que su abogado buscará que las ubiquen. Recordó que incluso le mantuvo abierta la puerta a una joven cuando salió. Eran tres chicos de unos 20 años y dos personas mayores. Las cámaras de la autopista, que piensa pedir, pueden probar que se fue desde Puerto Madero a su casa.

Asimismo, su defensa rechazó el dato que con suspicacia deslizó la Presidenta cuando dijo que el 14 de enero, cuando Nisman presentó su denuncia, Lagomarsino buscó tramitar su pasaporte. Explicó la defensa que Lagomarsino sacó en diciembre pasajes para irse con su familia a Disney y que advirtió tiempo atrás que su pasaporte vencía por esos días, por lo que por Internet sacó un turno para renovarlo y le dieron esa fecha mucho antes de que se sepa siquiera que Nisman pensaba denunciar al Gobierno.

Sobre el suministro del arma a Nisman, su defensa tiene preparado un argumento: puede estar justificada por muchas razones, por ejemplo, un pedido de su jefe, y sobre quien sabía a ciencia cierta que corría un serio peligro en función de su trabajo. Puede ser una infracción típica, pero justificada, ensayan.

Dan por sentado que Lagomarsino será indagado por un delito más grave que ése, pero el joven no tiene claro aún qué paso y elaboró su propia teoría. “Es más útil como testigo que como imputado”, deslizan sus allegados.

 

Hernán Cappiello / La Nación