La intoxicación por monóxido de carbono (CO) constituye una de las principales muertes por envenenamiento en cualquier grupo etario, tanto en Argentina como a nivel mundial. Según la información del Boletín Integrado de Vigilancia del Ministerio de Salud de la Nación, durante el 2017 hubo 976 intoxicados por este gas en el país. A su vez, la institución informó que ya se confirmaron 63 casos en lo que va del año, cuando todavía no comenzó el invierno.

El monóxido de carbono es un gas tóxico, menos denso que el aire y que se dispersa con facilidad. A su vez, tiene otra característica central que hace que la intoxicación se produzca en forma tan común. El monóxido tiene mayor capacidad de distribuirse a través de la sangre que el oxígeno, por lo que llega a todos los tejidos más rápido.

El problema central del monóxido de carbono es que puede pasar completamente desapercibido para quienes lo inhalan, dado que es inodoro, incoloro y no produce ningún tipo de irritación en las mucosas. En consecuencia, es muy común que las personas expuestas no se den cuenta de la intoxicación que sufren hasta que perciben los síntomas, momento que en muchos casos puede llegar a ser demasiado tarde. Además, es muy frecuente que el envenenamiento se produzca durante la noche, mientras las personas duermen.

Los fallecimientos se producen en personas cuyos hogares tienen algún tipo de inconveniente con la calefacción. Desde el uso de artefactos de gas defectuosos o mal instalados, hasta la utilización de fuentes de calefacción en ambientes mal ventilados, pueden producir monóxido de carbono en demasía y, en consecuencia, una intoxicación en quien inhale ese aire. Asimismo, la exposición a gases de motor en ambientes cerrados y la inhalación de humo en incendios puede provocar un envenenamiento de estas características.

La producción de monóxido se puede originar a partir de cualquier artefacto que queme gas, leña, querosén, alcohol o cualquier tipo de combustible. Si bien el gas natural no contiene CO, su combustión incompleta o incorrecta puede generarlo y producir la intoxicación.

Los personas que presentan esta intoxicación tienen distintos síntomas en relación a la exposición tóxica que han sufrido. La piel se puede poner pálida y las mucosas cianóticas -se ven azules por la falta de oxígeno-. Al mismo tiempo, la respiración se acelera al igual que el pulso y pueden aparecer trastornos gastrointestinales como náuseas o vómitos. Por último, es común que la persona sufra episodios de confusión o desorientación, dado que al cerebro le falta oxígeno, al igual que a todos los órganos del cuerpo.