María Herminia Grande

Ayer Argentina cumplió treinta y cinco años de vida en democracia. También treinta y  cinco años con altísimos niveles de pobreza, de inseguridad, de falta  de calidad institucional, corrupción  y últimamente alto nivel de desesperanza.  Argentina está llena de involuciones e incertidumbres en un mundo que está jaqueando al sistema político  más imperfecto pero aun así el mejor conocido a hoy: la democracia. Nuestro país disfrutó en 1983 de enormes bocanadas de libertad, de volver a votar, de poder manifestar alegría o enojos en sus calles. Argentina disfrutó de un Presidente, el Dr. Raúl Alfonsín,  quien impulsando el Juicio a las Juntas graduó a  aquella incipiente democracia. Volvimos a sentirnos normales. Pero la economía y la política y viceversa, fueron las encargadas de frustrar en líneas generales los avances que todo ciudadano aspira. Argentina país sin pobreza ni endeudamiento en 1974, cuarenta años después tiene al mayor endeudamiento de su historia y este jueves por la mañana el Observatorio de la Deuda Social de la UCA revelará en su informe los detalles de una pobreza que supera el 30% de la población.  Hace treinta y cinco años que el sistema político como tal no fue jaqueado ni alterado, eso es un logro. El déficit reside en que  los Presidentes de la democracia no pudieron cumplir con sus promesas electorales. La sociedad argentina no ha logrado hacer realidad aquello de “con la democracia  se come, se educa  y se cura”. Tampoco la revolución productiva logró duplicar chimeneas y con ello puestos laborales, ocurrió lo contrario. Tampoco la pobreza fue abatida por la justicia social. Tampoco el mundo posibilitó la llegada de brotes verdes.

Hay coincidencias con respecto a medidas estructurales que el país necesita en el camino a un desarrollo inclusivo. Claro que,  me decía el Dr. Daniel Funes de Rioja, “para poder incluir tiene que haber sobrevivientes”.  Diciembre es un mes en el cual la atención está puesta en  las necesidades de los más vulnerables. Sería muy interesante que el ministerio de la Producción se ocupe de la vulnerabilidad de las pequeñas pymes y productores. Las medidas financieras que genera la política del gobierno nacional las vuelve tan vulnerables  como a los desplazados. A los fines de mitigar esta vulnerabilidad hoy se conocerá un documento de la UIA titulado: “35 medidas para promover la producción industrial de las pymes”. Me decía el dirigente de la UIA, Funes de Rioja, “no queremos políticas de coyuntura ni salvatajes. Queremos un modelo productivo de país y con qué políticas lograrlo”. Estamos pisando los talones a un 2019 electoral, es la oportunidad para que los candidatos expliciten las políticas de mediano y largo plazo que proponen para esta realidad argentina. Debiera evitarse que se diriman proyectos presidenciales sólo con eslóganes.

En 38 páginas la UIA señala la importancia que tiene la producción industrial en la economía nacional y luego en particular las pymes. Llama la atención que mientras la producción industrial  argentina cierra el 2018 con una contracción del 2,3 % , en el mundo cierra con un crecimiento del 3,9.- Desde el 2010  Argentina no ha logrado un crecimiento industrial dos años seguidos. Este  documento propone seis ejes para en el 2019 dinamizar la generación de valor, incorporar tecnología industrial 4.0 y fomentar las exportaciones. Sugiere para ellos modificar el reglamento de la Ley Pyme, contemplar aspectos financieros, tributarios y energéticos asociados a la demanda interna y externa. Argentina tiene 58 mil industrias, con 100 plantas en todo el país. Representa el 20% del empleo directo (1.200.000) . Y genera 2,5 empleo indirecto por cada puesto laboral. Representa el 29% de la recaudación de la  AFIP.  El 63% de la inversión argentina lo impulsa la industria manufacturera. El 86% de las empresas exportadoras son industriales. El sueldo  de la industria con respecto al promedio de la economía es un 30% más alto.

Argentina tiene 56 mil  pymes. Generan 576 mil empleos directos. El 59% de las pymes que exportan son industriales.

Hoy la Junta Ejecutiva de la UIA tratará otro documento titulado “Una patria fundada en la solidaridad y el trabajo”. Son once páginas con un marcado acento desarrollista y humanista. Consultado el Dr.  Ignacio de Mendiguren uno de los impulsores del contenido,  sobre si el mismo será aprobado, me dijo  “esta tarde analizaremos los 21 puntos y trataremos de acompañar este documento”. A mi criterio es el documento más importante redactado en el último tiempo que involucra a sectores de la producción, el trabajo y los cultos.  Aún si no fuese aprobado dada la envergadura conceptual y las propuestas que contiene, el gobierno debiese convocar a las partes intervinientes para su discusión y análisis. Ante la inercia del gobierno en el enredo autogenerado de las leliqs antes lebacs, y su decidida apuesta a lo financiero, este documento propugna un norte para tender al desarrollo inclusivo del cual hablaba el Dr. Funes de Rioja. Dentro de los 21 puntos  se señalan las políticas que deben aplicarse en el comercio interno y exterior, en tecnologías, en la necesidad de bajar el costo argentino con una reforma tributaría razonable, cómo y por qué revertir el impacto de las tarifas y segmentar el precio de los servicios públicos por actividad productiva. Considerar la promoción de cooperativas y mutuales como motor del desarrollo económico. Señala que resulta primordial poner el capital financiero al servicio de la producción poniendo a disposición financiamiento accesible que traccione la producción nacional para pymes y pequeñas unidades productivas. Motorizar las economías regionales. Sancionar una ley de emergencia alimentaria, el derecho nutricional adecuado es vulnerado en nuestro país, según la UCA el 48.1 de los niños argentinos viven en condiciones de pobreza y al 10.2 % de los  menores de 17 años viven en indigencia. El alza de los precios de los alimentos agrava día a día el ensanchamiento de la pobreza.