Argentina debe volver al camino de la dignidad

¿Argentina tiene solución? Mientras la pobreza crece, incluida la de los políticos, inversamente proporcional en este caso a sus ambiciones; se observa que no sólo la pobreza estructural crece, también la desconfianza estructural se ensancha.

María Herminia Grande

¿Argentina tiene solución? Mientras la pobreza crece, incluida la de los políticos, inversamente proporcional en este caso a sus ambiciones; se observa que no sólo la pobreza estructural crece, también la desconfianza estructural se ensancha. No es grieta. Es falso sentido de Nación. Las naciones se construyen sobre consensos que derivan en acuerdos que se trasladan a sus Constituciones, que pasan a ser sus libros Sagrados. En Argentina es letra muerta. Daniel Muchnik le puso número a la desconfianza del bolsillo argentino. A falta de valores firmes, el bolsillo es el principal indicador del humor de la sociedad. Los argentinos descreen de su país por eso tienen su dinero en el exterior.

Representa el 60% del PBI criollo. No pudimos remontar el designio de los conquistadores. Argentina sigue siendo geografía apta para saquear (ayer), para espoliar, guardar, proteger sus ahorros, divisas (hoy), en el exterior. Estos verbos sirven para la misma acción que comenzó varios siglos atrás.

Cuando en el siglo pasado el radicalismo y luego el peronismo pensaron en los sectores más relegados, clase media-media baja y pobres trabajadores en algunos sectores cuasi esclavos, comenzó para algún sector muy influyente, el problema. La Nación quería y necesitaba el ascenso social. Se logró pero fue la política la que no puso equilibrio. Para que la Nación naciese sana, era necesario que se apostase al cumplimiento de dos palabras: derechos y obligaciones. Ambas gradúan a los habitantes en ciudadanos. Ambos partidos tutelaron a su medida aquello de “las conquistas no se agradecen, se disfrutan”. Entiendo que en este caso el verbo disfrutar debió ser sinónimo de responsabilidad de lo logrado.

Argentina en algún momento pareció ser un país de incluidos. Visto desde este hoy, pareciese que no fue real. Sucede que en épocas de bonanza (trabajo y producción) todo se disimula.

Otro ingrediente contribuye a este presente. Los inmigrantes despreciaban a la política, tal vez, porque debieron abandonar sus países por el fracaso de la misma. Esa ley no escrita de “no meterse en política” ha llevado a que en general, los menos aptos y formados sí, la abracen. Y muchos de ellos fueron distorsionando su principal razón de ser (servir), sirviéndose a sí mismos. Dándole la razón a aquellos abuelos gringos cuando la pensaban sucia, corrupta.

Argentina no necesita de Bolsonaros ni Trumps. Inventos ya ha tenido. Incluyendo los ineptos de la política que la degradaron año tras año. Argentina necesita rever casi todo. No sólo su economía dadora de pobres e impulsora de empobrecidos. Argentina necesita de acuerdos. De políticos que no esperen el día de los inocentes para ahondar con sus acciones el descreimiento que ya existe sobre ellos. Ningún político que se precie de tal se esconde para anunciar el alcance de sus políticas, en las que se supone cree; y si son dolorosas como el reciente gravoso aumento de los servicios, es de esperar que se las explique y se las fundamente en primera persona.

Ningún político en Argentina debiese tomar vacaciones. Es inmoral. Existe algo que se llama conmiseración.

La justicia amanuense y servil del poder de turno, también refleja una conducta histórica. De lo contrario por qué José Hernández escribió “hacete amigo del juez, no le des de qué quejarse. Y cuando quiera enojarse, vos te debés encoger, porque siempre es güeno tener, palenque ande ir a rascarse”. Lo escribió en 1872, en plena época de la “grieta” de las guerras civiles. Pero es un reflejo de nuestra argentinidad. También es cierto que a veces la Justicia a intentado cumplir con lo cuyo, pero con dudosa independencia.

Cuando Muchnik insiste en que se fueron del país aproximadamente U$S 300 mil millones, se puede inferir que, el votante que no está en la franja casi ciega de MM y CFK; probablemente defina su voto por su bolsillo. Y el bolsillo tiene memoria. Los aumentos impositivos conocido a fines del 2018 seguirán actuando sobre el humor de quienes más lo padecen, hasta llegar al día de las elecciones. Hay un 40% del electorado que no está fanatizado como los dos 30% restantes. Es un 40% que por sobre todo quiere un cambio económico, en realidad una mejora económica.

Otro factor clave es la esperanza. Esperanza que ha superado su etapa de inocencia, de espejitos de colores. Este 2019 debe venir de la mano de las concreciones. No se podrá ganar una elección aún, con el más creativo eslogan. Los candidatos deberán presentarse explicando sus proyectos.

Todos los economistas consultados acentúan con mayor fuerza como preocupación para este 2019, el peso de la deuda externa que junto al aumento de la pobreza resultarán los dos problemas más importantes a enfrentar.

Hay dignidades que recuperar. La dignidad política, la dignidad judicial, la dignidad empresarial, la dignidad sindical, la dignidad ciudadana. Argentina debe volver al camino de la dignidad. Para ello debe releer y cumplir con su Carta Magna. De esta manera tendrá un Estado donde la separación de los poderes no será causa de grieta, sino de unidad nacional.