María Herminia Grande
Finaliza el mes de enero de un año electoral y los dirigentes políticos manifiestan sin reserva sus apetencias personales. La pregunta clave, especialmente para el gobierno nacional y para quienes aspiran a sucederlo; se resume en: ¿tiene alguna chance de recuperación en el 2019 la economía argentina?

 

En los economistas consultados hay una coincidencia mayoritaria en que, en el corto plazo, las chances de recuperación son exiguas, incluso algunos la rechazan de plano. Un sector muy reducido manifiesta que midiendo diciembre 2018/ diciembre 2019 culminaría con una leve recuperación económica, aclarando que es más para las estadísticas que para el humor social. Dependiendo de si el gobierno logra estabilizar el dólar, reducir la inflación al 2% mensual, en cuyo caso podría evitarse que siga cayendo el empleo.

No obstante esta posición la que podríamos considerar más optimista; todos coinciden en la gravedad de la situación que estamos transitando, donde por imperio de las tarifas, la presión tributaria, principalmente, lleva a que con este esquema económico se vuelva es imposible que la economía crezca a más del 3%. Además de un tercio de la población que no realiza aportes y con un gasto público enorme que no condice con el desarrollo productivo de nuestro país.

El economista Diego Estévez tiene una visión pesimista, cree que no es posible en el corto plazo una recuperación dado que, para ello se necesita un cambio estructural en la economía argentina. Señala como los principales obstáculos para el crecimiento el gran nivel del gasto público y el enorme ajuste realizado por el gobierno del presidente Macri.
Por su parte el Dr. Aldo Pignanelli, quien manifiesta desear estar equivocado, es pesimista en cuanto a la mejora de las chances económicas en el corto plazo; sí, en el largo plazo de proceder a un cambio de modelo económico, con protección a la industria, control de capitales, menos concentración económica y más crédito al sector privado.

Por su parte el economista Marco Lavagna sostiene que el salario real de los trabajadores no va a recuperar los niveles del año pasado; el crédito -tanto a las familias como empresas- va a seguir planchado por la política monetaria contractiva que mantendrá muy elevadas las tasas de interés, lo que va a provocar además, que las inversiones que haya sostengan el sesgo financiero por sobre el productivo. No se está viendo una política cambiaria y externa consistente dado que se grava a los productos de mayor valor agregado y no hay una intención clara de sostener la competitividad del tipo de cambio. Coincide con el Lic. Diego Estévez que ante la inestabilidad electoral, es difícil esperar que los capitales tomen decisiones de mediano plazo sin tener certezas sobre qué va a pasar en el 2020.

Por su parte el gobierno a través de su ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne y el vice presidente del BCRA, Gustavo Cañonero; reconocen que este 2019 seguirá signado por la estanflación. La industria viene con siete descensos sucesivos, el último desplome es del 12.6%; el comercio minorista 17% y la construcción acusa una caída del 11.4%.
Admitiendo que el problema argentino es de compleja resolución, debe exigirse al sector político con aspiraciones presidenciales primero definir cuánto antes su participación; segundo, debiera ser obligatorio a través de la ley no escrita, la moral, presentar los proyectos e ideas concretas para los problemas reales argentinos; tercero, promover un verdadero debate de ideas, no un circo de eslóganes.

Sería saludable y necesario sincerar las emergencias que atraviesan nuestro país. Santa Fe reconoce tres emergencias: la hídrica, la reunión de las provincias afectadas junto al presidente Macri y su gabinete el jueves pasado dejó sabor a poco; dado que no se acordó cómo llevar adelante las obras hidráulicas necesarias (canal distribuidor de caudales en el límite de las provincias de Santa Fe y Santiago del Estero; readecuación del sistema de compuertas de la “Línea Paraná” en el límite entre Chaco y Santa Fe ); obras de almacenamiento y regulación de caudales en toda la región de los bajos submeridionales: Santa Fe-Chaco y Santiago del Estero.

La segunda emergencia es la solicitada por los industriales santafesinos. Reconoce este sector que el principal generador de sus desgracias es el modelo industrial nacional, pero le solicitan a la provincia declarar la emergencia para obtener plazos y beneficios impositivos que le permitan seguir subsistiendo.

Por su parte el sector gremial, específicamente la UOM seccional Rosario, ha dado a conocer un relevamiento que demuestra su emergencia: desde agosto del año pasado 5725 trabajadores fueron afectados por el procedimiento preventivo de crisis, 803 fueron desvinculados y 43 empresas fueron cerradas. Los motivos aducidos son: apertura de la importación, tarifazos, baja del consumo (el sector más afectado es la línea blanca), la falta de crédito y la falta de contención estatal.

Argentina no puede transformarse con voluntaristas. Y confiando en que Dios se ponga la celeste y blanca.