La neuroestimulación sensible (RNS, por sus siglas en inglés) trata con un mini “shock de corriente eléctrica” la epilepsia al detectar convulsiones. Con el tiempo, la mayoría de los pacientes encuentran que sus convulsiones se vuelven cada vez menos frecuentes. Ahora, investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh y el Centro Médico de la Universidad de Pittsburg (UPMC, por sus siglas en inglés) comprenden mejor por qué sucede esto.

Como informan en ‘JAMA Neurology’, la nueva evidencia sostiene que la técnica RNS puede remodelar el cerebro para que sea menos susceptible a las convulsiones. Los investigadores esperan optimizar rápidamente el uso de la neuroestimulación para ayudar a más personas a lograr la reducción de los ataques.

Muchos dispositivos para analizar

“En este momento, en pacientes con epilepsia tratados con neuroestimulación sensible, solo hay que esperar y ver si la frecuencia de sus ataques disminuye”, apunta Mark Richardson, profesor de Cirugía Neurológica en la Escuela de Medicina de Pitt y director de Cirugía de la Epilepsia de UPMC. “No tenemos una excelente manera de predecir quién responderá. Pero hay muchos más datos registrados en estos dispositivos RNS de los que actualmente tenemos la capacidad de analizar”, añade.

En los pacientes a los que se les implantó el sistema RNS, se registra la actividad cerebral de referencia durante un mes para analizar los patrones de crisis individuales de una persona. Luego, se emplea esta información para entrenar al estimulador para que responda automáticamente a una convulsión a medida que ocurre.

Lo que nadie hizo hasta ahora, dice Richardson, es analizar cada registro individual de la actividad convulsiva capturada por el dispositivo a lo largo del tiempo para ver qué hay de diferente en la actividad cerebral de los pacientes que experimentan una reducción en la frecuencia de las convulsiones como resultado de la neuroestimulación.

“Esperaba encontrar lo que tradicionalmente se suponía: que el pulso eléctrico detiene de forma aguda la convulsión -dice el autor principal del trabajo, Vasileios Kokkinos-. Pero me di cuenta de que esto no era lo que estaba sucediendo. Vi algunos ejemplos de detención aguda de las convulsiones, pero eso solo representaba el 5 por ciento de todas las convulsiones. No pudo explicar el 60-70 por ciento de los pacientes que respondieron al tratamiento”.

¿Qué pasa entonces en las redes cerebrales?

La teoría de los científicos es que la estimulación cambia las redes cerebrales (la red de vínculos entre las neuronas), de modo que no se pueden propagar los “ruidos eléctricos” en forma de un ataque completo. “En la epilepsia, se reclutan las redes cerebrales para disparar de forma sincronizada. Lo que pensamos que estamos haciendo cuando estimulamos es desincronizar, con el tiempo, dificultando la puesta en línea de toda la red de incautaciones”, explicaron.

Tras analizar 11 pacientes con epilepsia durante dos años, Kokkinos descubrió que las personas que finalmente experimentaron menos convulsiones después de comenzar el tratamiento con neuroestimulación mostraron reducciones progresivas en la actividad cerebral espontánea, comenzando tan pronto como dos meses después de que el estimulador se encendiera por primera vez.

Richardson espera que este tipo de análisis de la actividad cerebral proporcione una retroalimentación más rápida durante el proceso de prueba y error del ajuste de parámetros, de modo que los pacientes puedan ver antes los beneficios a largo plazo de la neuroestimulación sensible. “Nuestro siguiente paso es incorporar lo que hemos aprendido en una línea formal de análisis que podría permitirnos en el futuro predecir qué pacientes están respondiendo antes de que puedan informárnoslo clínicamente”, concluye Richardson.