David Rosman

Algunos escritores y periodistas suelen citar a Marx cuando se refieren a la repetición de ciertos fenómenos sociales en países que –pese al cambio de circunstancias históricas y las graves experiencias del pasado- perseveran en políticas nefastas cuando no decadentes.

En el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte Marx escribe: “Hegel dice en alguna parte que todos los  grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos dos veces. Pero se olvidó de agregar, una vez como tragedia y otra vez como farsa”.

Ante la inminencia de elecciones en Argentina, y la aparición en escena de Cristina como “alternativa” electoral, o la vuelta del populismo, pese a su comprometida situación judicial, procesal, de antecedentes gravísimos de corrupción, funcionarios de su entorno presos, otros sospechados, involucrados en maniobras de corrupción en una escala nunca vista, cabe reflexionar si esta frase no fue un presagio de lo que podría pasar de volver a gobernar el “justicialismo” en su forma más salvaje.

Si bien Sebrelli se refiere al populismo como un totalitarismo light, término acuñado por otros autores para referirse a la primera etapa de lo graciosamente llamado “Socialismo del Siglo XXI”,

Aguinis sostiene” El populismo, pese a sus declaraciones, no beneficia al pueblo porque usa y abusa de él. No le importan los daños que a corto o mediano plazo le inflige. Su objetivo es el poder y los réditos que el poder vierte en las manos de sus inescrupulosos detentadores. El populismo no ayuda al pueblo, sino a los líderes y sus círculos de fieles, sean caudillos, caudillitos o caciques que bailan al compás de los ritmos pautados por la demagogia. En forma consciente o inconsciente les concedo algo de indulgencia, aspiran a enajenarlo para ejercer un dominio sin rivales. A menudo ponen en marcha acciones destinadas al fracaso, o de anémicas perspectivas, pese a ser fuente de reiterados desastres, pero las exaltan con una parafernalia que hipnotiza, convulsiona y genera réditos inmediatos (a los jefes). Detrás de las medidas populistas no funciona la racionalidad ni la prudencia, sino el relumbre de los fuegos artificiales. Generan excitación, asombro y sueños. Ningún gobierno populista ha determinado un progreso sostenido, ni ha consolidado la institucionalidad democrática ni ha favorecido la maduración social. Por el contrario, hace los ruidos que anuncian cambios sísmicos, pero poco o nada profundo cambian, a no ser para peor”.

Esta transcripción literal de lo afirmado por Marcos Aguinis en el año 2005, la considero esencial en un momento de absoluta confusión que produce la profunda crisis económica por lo inacertado de las medidas dispuestas por el actual gobierno de Macri.

Sin embargo es dable recordar que tanto Cristina como sus seguidores, aplauden el régimen de Maduro en Venezuela, pese a la flagrante demostración del rotundo fracaso del grupo Mafioso encabezado por Maduro y los militares que se enriquecieron con el narcotráfico, sin antes “disfrazarse” de socialistas.

Cientos de informes inundaron las publicaciones internacionales señalando, por ejemplo, que entre 200 y 300 oficiales y personal militar fueron enviados a la Agencia de Contrainteligencia militar (DGCIM) luego de haber sido detenidos para ser castigados por “conspirar” para deponer al régimen “socialista” de Maduro. Luego de exhibirles las fotos de sus familiares, se los amenazaban con hacer desaparecer a sus seres queridos si continuaban conversando con Guaido, el líder opositor que encabeza las actuales movilizaciones.

La plana mayor de los militares disfrutan de los “beneficios’ del narcotráfico, contrabando del oro y de gasolina, y esquemas corruptos vinculados a la importación de alimentos.

Según Diego Moya-Ocampos, analista político para América Latina de HIS Markit, los operadores claves de este grupo militar temen que puedan ser juzgados si el régimen cambia, por ello se oponen a apoyar a Guaido.

Las condenas en Estados Unidos se dirigen por ejemplo a Cilia Flores, y sus hijos, por el lavado de dinero de 1.2 billones de dolares, caso que tramita en la Corte Federal de Miami. Destaco que Flores es la esposa de Maduro, y sus sobrinos fueron sentenciados en el 2017 a 18 años de prisión por trafico de drogas.

Y allí no termina la historia de corruptos en el gobierno, tienen cargos criminales el Ministro del Interior Nestor Reverol, el Director de la Oficina Antidrogas Edilberto Molina, y el jefe de la DGCIM, Hugo Carvajal fue arrestado en España.

El Departamento del Tesoro de EEUU tambien sancionó al Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente Diosdado Cabello, y al Ministro de Industria El Aissami, por estar involucrados en una extensa operación de tráfico de drogas en Venezuela. Segun recientes investigaciones, miembros del régimen de Maduro controlan el cartel “de los Soles” (Cartel of the Suns) organización criminal que dirige todas las operaciones del narcotráfico en el país.

Cuba aporta la logística para controlar a los disidentes del ejercito, y según se estima más de 20.000 oficiales militares Cubanos se han infiltrado en el aparato militar venezolano.  La táctica es crear condiciones de terror al punto que se habla de “desapariciones” en caso de sospecharse intentos de complotar contra el “régimen”.

Los grupos parapoliciales, conocidos como “Colectivos” están al servicio de miembros del régimen y algunos son usados como “escuadrones de la muerte”, según relata un ex integrante de la oficina de contrainteligencia Nelson Rincón, de la Fuerza Aérea.

Cualquier parecido con los grupos parapoliciales de la Triple A, dirigida por el conocido Brujo López Rega, es pura coincidencia.

Esto es parte de la tragedia venezolana, pues los que apoyan a Maduro, es decir el populismo decadente, debiera saber si pretende volver a ser gobierno, que 3 millones de venezolanos abandonaron el país en los últimos años, según informes de la ONU y la cifra equivale al 7 % de la población.

Este éxodo es el mayor de Latinoamerica en los últimos 50 años.

La inestabilidad política, la hiperinflación, la corrupción y la crisis económica han obligado a muchos de ellos a buscar refugio en los países vecinos.

La producción de petróleo está cayendo, la economía se desploma en picada, proliferan enfermedades como la malaria y escasean los víveres y medicamentos más básicos.  

Sin embargo, Maduro, quien veía en un pajarito que llevaba en el sombrero el espíritu de Chávez, dice que su régimen es “socialista”.

Lo que no se dice, en esta gran mentira con disfraz socialista, es que  Rusia y China, hoy soportes del régimen con Cuba, son los principales acreedores y Venezuela es un simple proveedor de materias primas.

Tan solo China, según el Centro Internacional de Estudios Estratégicos (CSIS, por sus siglas en inglés), posee actualmente alrededor de 23.000 millones de dólares de la deuda externa de Venezuela, por lo que es el mayor acreedor del país. Le sigue Rusia con una estimación de deuda de 10 mil millones, dando por sentado que la economía venezolana se deteriorará a niveles impensables.

Esta breve incursión en el ensayo populista- “socialista” de Venezuela sirve para demostrar la inviabilidad del populismo de izquierda y de derecha, aun cuando esta dicotomia quedó en el olvido de la Revolución Francesa.

La experiencia populista Americana también refleja ese totalitarismo light y la disfuncionalidad de un país que ignora el viejo precepto de que “nadie está por encima de la ley”. Trump quiere manejar el país como si fuera su empresa, al mejor estilo de los gobernadores peronistas que gobiernan en feudos desde hace décadas.

La diferencia entre el Norte y el Sur, como reiteradamente sostengo, es la capacidad y velocidad de respuesta de las sociedades.

Décadas de populismos mostraron la inviabilidad de ignorar la democracia y repartir sueños a una población cada vez mas empobrecida y embrutecida.  La pauta está que los seguidores de Cristina y justicialistas o peronistas, admiran y defienden a Maduro.

Concluyo esta reflexión citando a Aguinis:  jamás un régimen populista deja de exudar el tufo del autoritarismo. Puede no alcanzar los extremos de una dictadura manifiesta, pero sí practica en forma edulcorada e hipócrita muchos de sus vicios.

Trump está siendo acorralado por las practicas corruptas que pretenden ocultar la intervención rusa en la elección del 2016, y las manipulaciones de funcionarios para que oculten la verdad, pero la respuesta se produce a 2 años y medio de su gobierno y se habla con recurrencia del juicio político.

Las sociedades vapuleadas por el populismo encuentran sus defensas con un mínimo grado de reacción y tal vez necesiten otra década para entender que quien sobrelleva muchos procesos judiciales por corrupción, en cualquier sociedad normal y civilizada no podría tener siquiera posibilidades de postularse para un cargo electivo.

 

Por David Rosman