En el banquillo. Pablo Miño, el ayudante del gasista Carlos García.Sebastián Suárez Meccia.
Lo aseguró la Fiscalía en los alegatos de cierre del juicio por la tragedia de Salta 2141. El gasista nunca lo chequeó, desconectó el regulador y se produjo la fuga y explosión.

Pablo Miño, el ayudante del gasista que trabajó en el edificio de calle Salta 2141, el 6 de agosto de 2013, quedó ayer en el centro de la escena en el juicio oral y público. El juicio que busca establecer las responsabilidades por la explosión que mató a 22 personas e hirió a decenas.

En el marco de los alegatos de cierre de la Fiscalía, el fiscal Miguel Moreno remarcó que fue Miño quien supuestamente debía cerrar la llave de corte mientras el gasista estaba en el octavo piso chequeando algunos artefactos. Y basándose en las declaraciones de varios testigos y peritos que acreditaron que había que hacer demasiada fuerza para operar esa válvula, destacó que “Miño creyó que la misma ya estaba cerrada”. Luego, el gasista Carlos García quiso sacar el regulador sin chequear la labor de su ayudante. Y se produjo la fuga masiva de gas y posterior explosión.

Para la Fiscalía y la querella, los empleados de Litoral Gas y los administradores del consorcio fueron corresponsables del siniestro. Por acción u omisión, por lo que pidieron para todos una pena de cinco años de presión efectiva.

Alegatos

El fiscal expuso por cerca de dos horas y lo mismo hicieron ayer la querella que representa a la familia de Débora Gianángelo (los únicos querellantes en el juicio por parte de las víctimas). Y las defensas de la administración de consorcio, del gasista que trabajó en el edificio once días antes y de los cinco empleados de Litoral Gas. Todos procesados por el delito de estrago culposo agravado por las muertes.

En su larga alocución, Moreno dijo que García iba a realizar el trabajo con dos ayudantes, pero ese día uno de ellos no lo pudo hacer porque debió llevar a su hija al médico. Así que la ayuda recayó en Miño. Quien por entonces trabajaba toda la noche como operario en la fábrica de electrodomésticos Liliana y luego hacía changas con García.

Así, puso de relieve que “García llevó a un ayudante que venía de trabajar toda la noche y se fue a trabajar con él. Era el menos experimentado de sus ayudantes. ¿Qué esperábamos de él? Como mínimo prudencia”, señaló.

Negligencia

A su entender, esto no exculpa a García, quien trabajó “antirreglamentaria y negligentemente”. Y fue “quien puso en cuenta regresiva al desastre”. Recordó así que el gasista, entre otras cosas, “no hizo ningún relevamiento previo de lo que tenía que realizar, no supervisó las tareas de Miño, no presentó ningún formulario en Litoral Gas anunciando que iba a cambiar el regulador. Desconectó el regulador sin chequear que la válvula estaba cerrada y se retiró del lugar sin avisarle a los vecinos el peligro que se aproximaba”.

Sobre los administradores, remarcó que “tenían la obligación de velar por el mantenimiento de los bienes y las personas y por la seguridad de los trabajos que encomendaban a terceros” y no lo cumplieron. Al personal jerárquico de Litoral Gas (Viviana Leegstra y Claudio Tonucci) les recordó que “tenían la obligación de gestión para que el servicio se brindara de manera eficiente y segura”. Y a los reclamistas les endilgó no cumplir su tarea adecuadamente.

La suma de las circunstancias

“El 6 de agosto de 2013 la explosión se produjo por una fuga masiva de gas que ingresó por el hall y por el ducto del ascensor y las escaleras. Se propagó a los pisos superiores hasta que encontró una fuente de ignición”, dijo. Y remarcó: “Hubo una suma de circunstancias, anteriores y posteriores, que determinaron que ocurriera la explosión. Acciones y omisiones de los acusados, que actuaron de manera negligente y antirreglamentaria. Desde (la gerenta técnica de la empresa, Viviana) Leegstra hasta Miño. Todos cometieron acciones que los vinculan con el resultado”, consideró.

La parte querellante, en tanto, avaló los fundamentos de la Fiscalía. Y repasó punto por punto lo que a su entender conformó una cadena de negligencias que culminó de la peor manera.

“Nadie quiso que se produjera la tragedia, pero la negligencia también se castiga, aunque no hayan tenido intención de causar este desastre”, destacó el abogado Angelo Rossini. Y de frente al Tribunal remarcó: “Estas son tragedias que pasan a la historia, pero que se haga Justicia también será histórico”.

Por su parte, Luis Rossini, el otro abogado querellante, recordó fallos de los Estados Unidos donde nació el daño punitivo. Trajo al debate uno contra la empresa Ford por fallas en el encendido de un modelo de vehículo que provocaba la explosión del auto y otro contra los ferrocarriles, donde se habían colocado cruces de San Andrés para evitar tener que pagar los salarios de los guardabarreras. En ambos se condenó a los directivos de las firmas.

“Cuando empezaron a condenar a los gerentes, allí entonces las grandes firmas empezaron a velar más por la seguridad”, indicó el letrado.

En esa línea, también trajo a colación los fallos por las tragedias de Once y Cromañón, a los que calificó como “dos buques insignia para este fallo de calle Salta”. Recordó que allí también se condenó a gerentes, responsables y funcionarios, y detalló que los jueces tienen ahora la posibilidad de “tener con el fallo de Salta una tercera nave insignia”.

Conmovedor relato de la mamá de Débora Gianángelo

El momento más emotivo de la extensa jornada de alegatos de ayer se vivió cuando pidió hacer uso de la palabra la madre de Débora Gianángelo, una de las 22 víctimas fatales de la explosión y la única querellante en la causa penal. Con la voz quebrada por el llanto, Sonia contó que “fue un desgaste muy duro atravesar todo el proceso” y remarcó que “todos los imputados aportaron para que la tragedia sucediera, y todos la podían haber evitado”.

El cuerpo de su hija fue hallado sin vida el 8 de agosto, cuando Sonia y su hijo Adrián cumplían años. Hasta varias horas antes, Sonia asegura que ella tenía una conexión con Débora. “Siempre esperábamos noticias en el bar de la esquina y yo me alejaba un poco y hablaba con ella. Yo sentía que estaba con vida. Le decía que tuviera fuerzas que la iban a sacar. Pero el día en que la encontraron, yo ya no sentía desde temprano sus respuestas”, indicó.

También recordó cómo su hija le había advertido que en el edificio iban a morir todos quemados. “Cuando venía a casa me decía que iba a explotar, que había mucho olor a gas”, aseguró.

Luego nombró a cada una de las otras 21 víctimas y pidió Justicia por todos ellos. “Pensé que nunca iba a poder hablar acá, pero desde el cielo, Debi y las otras 21 víctimas me ayudaron”, aseguró.