Ochenta mil personas siguen sin luz ni agua en La Plata tras cuatro días de apagón. “Ni la gobernadora Vidal ni el intendente Garro dan la cara”, aseguran los afectados.

Bronca y hartazgo. Esa es la sensación que manifestaban este martes los vecinos y comerciantes de las localidades de Gonnet, City Bell y Villa Elisa, al norte de La Plata. Esto tras casi cuatro días sin luz y, en muchos casos, sin agua.

La tensión por el apagón, que dejó a más de 80 mil personas sin suministro eléctrico, y los reclamos, se concentraron por la tarde en Camino Centenario y 419. Donde una multitud de usuarios cortaron la ruta para para exigir respuestas al gobierno local, provincial, y a la empresa Edelap, a cargo del servicio. “Hay cero presencia del Estado, salvo los policías que enviaron para controlar las protestas. Ni Vidal ni el intendente Garro salieron a poner la cara y darle una explicación a los usuarios. Entonces, entre nosotros y la empresa sólo nos queda esto. Un movimiento comunitario para visibilizar lo que pasa”, explicó Pablo, docente y manifestante. Mientras el humo de los neumáticos encendidos caldeaba la atmósfera y la noche amenazaba con volverse una boca de lobo.

El corte

El corte de luz se registró a las 21.47 del sábado pasado. Desde entonces muchos vecinos, sobre todo los que están más alejados de los cascos urbanos, viene juntado, además de velas, pilas y agua, bronca. Por la falta de respuestas, porque tuvieron que tirar la comida. Porque, como en otras circunstancias, comerciantes inescrupulosos aumentaron el precio de las velas y el agua mineral. Y, aún así, eran difíciles de conseguir.

Pero al malhumor se sumaba la incertidumbre. Mientras en algunas manzanas la luz había vuelto, en otras permanecían sin suministro eléctrico. O había vuelto para cortarse nuevamente unas horas después.

Sobre la calle 419, en Villa Elisa, los locales comerciales no tenían suministro eléctrico. Pero se mantenían abiertos igual. Sólo cobraban en efectivo. Y los vendedores debieron apelar a la memoria para recordar los precios de la mercadería. Unos pocos privilegiados contaban con grupo electrógeno propio que, a razón de un litro de nafta super por hora, les permitía el lujo de la electricidad.

Testimonios

Al fondo de la calle se levanta el complejo de viviendas conocida como las torres de Villa Elisa –cuatro de más de trece pisos y once de cinco–. donde vive Esther. Es una joven de 80 años, que por la tarde se sumaría al corte de calle con los vecinos. “Por suerte vivo en el segundo piso. Porque aunque en algunas torres volvió la luz, después que pusieron uno de los generadores, siguen sin andar los ascensores. Tampoco hay agua, quizás la den a la noche porque los equipos no alcanzan a abastecer todo”, dijo la mujer. Y agregó risueña: “Al final después de tanta amenaza, Macri consiguió que vivamos como Venezuela”.

Un poco más allá, llegando a camino Centenario, Rita y su hijo adolescente, después de cuatro días sin luz ni agua en la casa de dos plantas, y ante la perspectiva de tener que seguir así varios días más, compraron un generador por 13 mil pesos. “Todavía tenemos que conseguir los cables para hacer las conexiones”, aclaró el hijo, mientras recibía un mensaje de Whatsapp del grupo de su escuela, que le anunciaba que quizás, si no se volvía a cortar, este miércoles puede volver a clases.

Unas calles más allá, en 460, entre 19 y 15, Gustavo, un electricista matriculado se quejaba por el silencio de las autoridades, al mismo tiempo que se lamentaba por la comida que tuvo que tirar.

“No te dicen nada, vas a las oficinas y está todo cerrado. O te atiende una máquina telefónica. Estoy todo el día pateando la calle y veo que Edelap no hace el mantenimiento que tiene que hacer. El apagón se produjo porque no arreglaron la línea principal, y la secundaria, que es la que estaban usando, falló. Eso es desidia”, concluyó, antes de aclarar que “tuve que tirar prácticamente toda la comida que tenía”.

La misma queja tuvo Pablo, un remisero que cargaba pasajeros a la salida del supermercado Disco de City Bell. “Había gastado más de 1500 pesos en un mayorista y tuve que tirar todo porque se echó a perder. Vivo frente al Parque Ecológico, en lo que se conoce como Barrio El Humo, y ahí seguimos sin luz ni agua desde el sábado”. Y remató antes de irse con un viejo chiste, reactualizado por la realidad: “Macri y Vidal lograron que viva como en un barrio privado: privado de luz, de agua y de comida”.

Mientras tanto, en diferentes sectores de las localidades afectadas, cuadrillas de la empresa privada Secco continuaban montando generadores para sacar del paso a los vecinos. Hasta que Edelap de una solución de fondo. Y, también de paso, hacerse unos pesos con el alquiler de los 40 equipos, de alrededor de un mega cada uno, que la empresa trajo de Rosario.

También tuvieron trabajo los policías de tránsito, ya que en muchos de los cruces los semáforos no funcionaban. Trabajo que se intensificó hacia la caída de la tarde cuando desviaron a los automovilistas unas cuadras antes del corte que los vecinos organizaron sobre el Camino Centenario.

Quejas

“Cuatro días sin luz ni agua. Queremos respuestas”, gritaba la bandera blanca con letras negras atravesada sobre el camino. “Basta de empresas con licencia para robar”, decía otra, mientras los manifestantes coreaban “devuelvan la luz”.

Mientras las gomas ardían sobre el asfalto, Martina, remarcó que “estamos exigiendo que Edelap nos de una respuesta. Esto es una consecuencia de cuando el Estado no interviene para controlar, y no lo podemos desvincular del último apagón que hubo en el país. Villa Elisa volvió a tener uno más a pocos días del que dejó a oscuras la Argentina, y nos volvieron a descalabrar la vida”.

“Muchos venimos del barrio La Cabaña (Villa Elisa). Hay mucha gente mayor, y chicos, y no pasa el tanque de agua para darle a la gente. Hay personas mayores que usan insulina y la tuvieron que tirar. Yo vivo con mis tres hijos y mi marido y hace cuatro días que se complicó todo. Hubo que tirar comida, las velas las pusieron a 80 pesos los paquetes y a 120 los bidones de agua y la gente no tiene plata”, dijo con amargura Fernanda, y aclaró que en algunas zonas el agua volvió “pero sin presión y sale sucia”.

Para Verónica, a la complicación diaria se suma el temor: “Tengo mi papá muy grande y estoy sin luz ni agua. Tengo ocho reclamos hechos y en Edelap lo único que me dicen es que ‘ya van a llegar los transformadores’. Hace frío y mi viejo no va a tener calefacción porque es eléctrica. Estamos angustiados, y por eso nos convocamos. Además, cuando llega la noche y todo es oscuridad hay miedo, porque entraron a robar a varias casas”.

“No somos piqueteros y no nos gusta cortar la calle y hacer pasar frío a las criaturas, pero si no haces esto, si no haces algo para que te vean, no sos nada, no te dan bolilla”, aclaró Claudia.