Por Nicolás Largeaud – No es una película más de cocodrilos devorando humanos, y aunque tiene todo para ser igual a las clásicas películas noventeras, tiene varios “pros” que las diferencia ampliamente. Para comenzar, y más allá de no haber esperado mucho antes de entrar a la sala, debo reconocer y superó por mucho mis expectativas.

Partiendo por la estructura hollywoodense que es infalible para toda película que pretenda ser mínimamente exitosa, hay que tener en cuenta el incremento en el suspenso y la tensión que tiene esta película desde su guion. Si bien usan el cliché del suspenso desde la aparición de los cocodrilos, aprovechan el terror general a estos animales por parte de cada espectador.

La banda de sonido, otro de los recursos infalibles en el terror/suspenso es impecable. No solo acompaña magistralmente cada escena, sino que ayuda y mucho (junto a los efectos de sonido) al momento de “asustar” al espectador, recordar momentos felices e inclusive emocionarnos con la victoria del final.

Los efectos de video (VFX) y las imágenes generadas por computadora (CGI) casi perfectas, es lo que separa este tipo de películas a las de los 90s que, para ser honesto, aquellas eran demasiado obvias que eran irreales; en este caso los cocodrilos forman parte de los personajes vivos de la película.

El 95% del tiempo están Kaya Scodelario (Maze Runner) y Barry Pepper solos, en dos flamantes actuaciones que nos meten en la piel la angustia y el temor de ser devorados vivos.

Seguramente no va a ser una película que marque un antes y un después en su género, pero si va a quedar como una de las recomendadas si te atrae el terror animal y saltar de la butaca en los momentos menos pensados.