El 44 por ciento de los hechos hasta junio pasado ocurrió en ese distrito. El Vilela lleva atendidos 16 chicos en lo que va del año.

En lo que va de 2019 ingresaron al Hospital de Niños Víctor J. Vilela 16 pacientes heridos de arma de fuego; 4 de ellos tuvieron que pasar un tiempo en terapia intensiva por la gravedad de los balazos. La gran mayoría tiene entre 10 y 14 años de edad, pero en la lista hay hasta bebés de menos de un año. Los datos muestran además que el 44 por ciento de los niños fue alcanzado por proyectiles en el distrito oeste, el 38 por ciento en zona sur, y el resto en el norte y sudoeste. Un mapa de la inseguridad, con dos zonas marcadamente “calientes”.

Durante el primer semestre del año llegaron por los consultorios externos o por la guardia 77 mil niños que requirieron atención médica. De ellos, 16 fueron baleados. En todos 2018, habían sido 23 los menores heridos por las balas. En 2017 el número fue menosr: 17; pero la proyección para 2019 no es buena.

El último hecho que conmocionó a la opinión publica fue la bala perdida que alcanzó a Benjamín Biñale. El niño de 8 años se desplomó al piso el sábado pasado cuando realizaba movimientos precompetitivos en el predio del club Pablo VI, de Garzón y Seguí.

Desde entonces, está alojado en el Vilela, estabilizado, pero en coma farmacológico, y luego de haber recibido dos operaciones en la cabeza. Su caso despertó acciones de solidaridad, apoyo y cadenas de oración para su pronta recuperación.

Del total de baleados, 5 ingresaron al Vilela en enero, 2 en febrero, 4 en marzo, 4 en abril y uno en junio. De estos 16 , 4 tuvieron que estar alojados en terapia intensiva.

Uno de los baleados es un bebé de menos de un año, otro de 12 meses, dos entre dos y cuatro años de edad, 5 de entre los 5 y 9 años, y siete tienen entre 10 y 14 años.

Lo que también resulta un dato llamativo es la distribución por distrito de los niños impactados por los proyectiles. En norte se contabilizaron 2, en el oeste 7 (un 44 por ciento), uno en el sudoeste (6 por ciento) y 6 n la zona sur, lo que representa el 38 por ciento. Vale decir que entre el oeste y el sur se registró un 82 por ciento de los niños baleados en lo que va de 2019.

Los datos pueden reflejar frialdad, pero también apuntan a una realidad que el Ministerio de Seguridad santafesino no puede torcer. Estas zonas agrupan una enorme cantidad de casos policiales y de guerras entre bandas narco por el dominio del territorio.

Un equipo de profesionales

Para la directora del Vilela, Viviana Esquivel, el funcionamiento del equipo interdisciplinario del hospital cobra singular relevancia en la tarea de contención del paciente, su familia, entorno y el seguimiento del caso en el regreso a sus hogares.

“Los pacientes que están en terapia intensiva reciben, ademas de la atención de terapistas y enfermeros, el abordaje de psicólogos, trabajadores sociales, abogados y voluntarios. Se arma toda una red de contención a la familia de este niño, y luego en su externación estamos en contacto con el centro de salud. Se los acompaña desde que llegan y luego se sigue el vínculo con un seguimiento”, narró la funcionaria.

Con el diagnóstico se arma un plan terapéutico en conjunto con los equipos de salud mental, de acuerdo a cada familia y en el territorio. No sólo con el lesionado, sino con los hermanos y parientes.

“Es muy compleja la reinserción porque hay que acompañar a la familia que queda resentida y con miedo a que le vuelva a pasar lo mismo”, subrayó Esquivel.

La directora ha recibido en estos años, “más situaciones de balas perdidas o donde los chicos quedan en medio de un tiroteo que agresiones directas hacia ellos”, indicó.

Tras subrayar el valor que representan los equipos interdisciplinarios (con una veintena de profesionales, Esquivel puso de relieve algunas de la conductas postraumáticas que atraviesan los niños baleados. “A veces no hablan por un tiempo, simplemente lloran, se expresan con dibujos, cuentan historias o manifiestan que no quieren volver al lugar”, detalló.

Finalmente, y a la hora de la recuperación de los niños en sus factores emocionales, la titular del Vilela puso énfasis en el rol de la escuela como factor fundamental para lograr su reinserción. “Es un factor clave para que vuelvan a retomar sus vidas”, destacó.

Entre los baleados hay un bebé de menos de un año. La mayoría son víctimas entre los 10 y los 14 años de edad