Usamos emojis con tanta frecuencia que a veces olvidamos sus virtudes más esenciales. Por supuesto, ayudan a expresar sentimientos de un modo rigurosamente visual. Pero detrás de esa función afloran otras virtudes, como la humanización de las interacciones digitales. O al menos el intento.

“Se calcula que se envían más de 2 trillones de mensajes al año a través de celulares, en los que se usan emojis”, dice en diálogo con TN Tecno Carlos Gantiva. Él es profesor de la Universidad de Los Andes en Bogotá, Colombia, y lideró un estudio que analiza a fondo a esos gráficos, su influencia en la comunicación new age, y el modo en que nuestro cerebro los procesa.

Según Gantiva, la motivación para realizar ese estudio es simple: el exponencial aumento de las interacciones humanas mediadas por chats y redes sociales. “Es evidente que la forma de comunicarnos está cambiando, y es necesario entender porque está ocurriendo este cambio y la forma en la que nos afecta”, comenta.

– ¿Cómo lograron saber si el cerebro procesa de forma similar los emojis y la gestualidad humana? Es decir, ¿cómo fue el proceso para comprobarlo?

– Utilizamos una técnica que se llama electroencefalografía (EEG). Es una metodología que sirve para medir la actividad eléctrica del cerebro (de las neuronas), y nos permite saber que tanta activación hay y las regiones del cerebro en donde esto ocurre.

Posteriormente, empleamos una forma de análisis que se llama “Potenciales Relacionados a Eventos” o “PREs”. Se trata de cambios específicos de la actividad eléctrica de las neuronas ante estímulos específicos. En el caso de nuestro estudio, evaluamos los cambios específicos de la actividad eléctrica ante rostros humanos y rostros de emojis.

– ¿Qué conclusiones consiguieron? Por ejemplo, ¿qué es lo que ocurre en nuestro cerebro cuando ve un emoji feliz, uno triste o uno enojado?

– Encontramos que nuestro cerebro procesa de la misma forma el rostro humano al rostro emoji. Es decir, el emoji “engaña” al cerebro y éste último lo procesa como un rostro. De hecho, en un momento específico el cerebro procesa el rostro emoji de forma más intensa que el rostro humano.

En nuestro estudio dividimos el proceso en tres momentos. Al inicio, tan sólo 100 milisegundos después de presentar los estímulos el rostro humano captura más la atención que el rostro emoji. Después, a los 170 milisegundos (momento en el cual el cerebro identifica que el estímulo es un rostro), el emoji es procesado de forma más intensa que el rostro humano. Finalmente, el humano vuelve nuevamente a motivar más la atención que el emoji alrededor de los 500 milisegundos.

Con respecto a las emociones, los resultados indican que los emojis felices y tristes, al igual que los rostros humanos felices y tristes, capturan y mantienen más nuestra atención.

– A la luz de tales conclusiones, ¿recomendarías entonces usar emojis en nuestras interacciones digitales para generar mensajes más “apetecibles”?

– Aconsejo que si vamos a usar interacciones digitales como el chat, el uso de rostros de emojis nos permite enviar mensajes que son procesados por la otra persona como si estuviera viendo un rostro humano, por lo cual el mensaje es más eficiente.

Gantiva prepara el remate y en su tono de voz aparece un ánimo conclusivo. “También aconsejo la comunicación cara a cara, pues con el paso del tiempo la interacción virtual la ha desplazado y en unos años es posible que las personas hayan aprendido a comunicarse muy bien por medios virtuales y hayan perdido habilidades de comunicación presenciales. Creo que las relaciones reales se establecen a través de interacciones reales”, cierra.