Se le pidió al candidato que en el encuentro del lunes gestionara a favor del desembolso pactado. La respuesta fue negativa. Incluyó una crítica al financiamiento de la “fuga de capitales”. El Fondo, en un dilema.

La escena transcurrió el lunes, minutos antes del cierre de los mercados. Desde el Gobierno de Mauricio Macri se comunicaron con Alberto Fernández a través de uno de sus colaboradores directos. Y potencial integrante de su gabinete económico para que el candidato del Frente de Todos hiciera una gestión considerada por el macrismo como “crucial”.

El exjefe de Gabinete debía insistir en la reunión que mantendría horas después con los enviados del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su apoyo al desembolso de los u$s5.420 millones del tercer giro pactado en el stand by para antes de las elecciones del 27 de octubre.

El macrismo consideró que una gestión personal y una manifestación de apoyo del candidato serviría como presión final hacia el director gerente del organismo financiero, Alejandro Werner. Y el jefe de la misión para la Argentina, Roberto Cardarelli. Para que acepten la liberación del último tramo importante del año, dólares que le servirían además al presidente argentino para cerrar su Gobierno sin alteraciones en el cronograma de vencimientos; y tener más armas de acción y coerción para eventuales corridas cambiarias.

El requerimiento, de ser posible, incluía además algún tipo de mensaje hacia los visitantes sobre el cumplimiento de las metas fiscales del primer trimestre. Y cierta comprensión hacia los números del tercer trimestre del año. Según la visión del oficialismo, sólo con la transmisión pacífica de este mensaje a los hombres del FMI firmado por el principal candidato opositor y vencedor de las PASO serviría para terminar de convencer al dúo Werner-Cardarelli.

Respuesta

“De ninguna manera. Ni loco pediré eso”, fue la contestación de Alberto Fernández a su asesor, que además debió enviar como respuesta que la gestión del candidato sería la opuesta. Esto es, una crítica abierta y directa a la habilitación de los desembolsos del FMI para que se utilicen como herramienta para la política cambiaria, incluyendo el desembolso de los u$s5.420 millones comprometidos para el tercer giro del año. Y recordando que ya en el encuentro que Fernández y Werner habían mantenido el febrero pasado, les había advertido a los visitantes sobre sus críticas a la alteración del artículo IV del Acta Constitutiva del organismo que en su primer párrafo reza que “ningún miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”.

Fernández le dejó claro a su colaborador directo que tiene gran estima por Hernán Lacunza y que le desea “lo mejor” como ministro; y que considera que debería haber probado suerte en otro momento y en otra gestión, como conductor del Palacio de Hacienda, pero que el pedido a Werner y su gente no sería posible. Y que no lo tomara como algo personal ni mucho menos desestabilizador.

Desembolso

Luego, cuando finalmente el tema del tercer desembolso llegó a la mesa de diálogo entre Alberto Fernández, Guillermo Nielsen, Cecilia Todesca, Santiago Cafiero, Werner, Cardarelli y el jamaiquino Trevor Alleyne, el candidato opositor fue fiel a sus convicciones. Los albertistas mencionaron el tercer desembolso del año por unos u$s5.420 millones, que el organismo debería girar antes de las elecciones de octubre; y que, según la visión de los opositores, tendrán el mismo destino que el resto de los dólares del FMI.

Más directamente, “para que continúe la fuga antes que el macrismo deje el poder”. Fernández les recordó a los visitantes, abonando su teoría sobre el uso de los dólares del stand by para financiar la salida de capitales, que la fuga se aceleró entre junio de 2018 y julio de 2019. En ese tiempo, según los datos de la oposición, salieron del sistema bancario unos u$s27.500 millones de fuga de capitales y otros u$s9.200 millones por inversores especuladores del mercado de capitales. Se mencionó además que la suma total había alcanzado los u$s36.600 millones, casi un 80% del total de los giros del FMI hasta julio.

Negativa

La negativa de Alberto Fernández de apoyar el pedido de clemencia por los u$s5.420 millones del tercer giro comprometido dentro del stand by fue parte del temario de debate de la reunión de ayer por la tarde del gabinete nacional. Allí estuvieron junto a Mauricio Macri María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Marcos Peña, Hernán Lacunza y Guido Sandleris. El capítulo fundamental fue analizar el martes negro en los mercados. Pero la posición de Fernández ante el desembolso provocó una reacción de uno de los presentes: “Usemos entonces las reservas para cancelar vencimientos, y se quedarán con menos dólares en el BCRA y con el acuerdo con el FMI virtualmente quebrado”.

Misión del FMI

Por razones obvias, hasta ayer, la misión del FMI tenía para los visitantes un sabor más que agrio. Se supo en reuniones entre los visitantes que el verdadero motivo por el cual Werner (virtualmente en estos tiempos el número dos del organismo) vino a Buenos Aires era “reconocer el terreno” y “poder elaborar un informe exhaustivo” para el board del organismo para el momento en que se defina qué hacer con el próximo desembolso pactado para el tercer trimestre. Y, más allá, cómo encarar la nueva realidad política surgida luego de las PASO. Werner y Cardarelli coinciden plenamente en algo: el stand by ya está en punto muerto y a aproximadamente un mes de determinarse su virtual incumplimiento por parte de la Argentina.

Saben ya los hombres de Washington que la inflación para este año será mayor a la de 2018, que el país volverá a caer (el único debate es cuánto), que la brecha entre la inflación y la recaudación se ampliará en agosto hasta tornarse peligrosa en septiembre, y que las posibilidades de revivir el “déficit cero” comprometido por el exministro Nicolás Dujovne es hoy una utopía. Sin embargo, saben también que un fracaso del FMI en un período de transición político con la Argentina sería más que un problema de gestión, un verdadero papelón. Y el mandato que Werner trajo a Buenos Aires es comenzar a negociar seriamente el futuro del acuerdo firmado en septiembre del año pasado.

Sin embargo, el mexicano se lleva del país una sensación de complejidad casi inmanejable. Se le explicó en la reunión del lunes por la mañana con el viceministro de Hacienda, Sebastián Katz, que negociar a largo plazo es imposible para el Gobierno de Mauricio Macri. Por la tarde se le dijo en el encuentro con Alberto Fernández que con el vencedor de las PASO tampoco es posible negociar, ya que “sólo soy un candidato”. Esta posición de imposibilidad de movimiento fue lo que en algún momento de la charla con Alberto Fernández llevó a decir al mexicano que en el país había “un vacío de poder”; en el sentido norteamericano de la ciencia política. Esto es, nadie con quien negociar seriamente.