Vojtech Votava pasó 117 días junto a la cama de su esposa Eva en el Hospital Universitario de Brno, en la República Checa. Ella no podía escuchar sus palabras ni sentir sus manos: tenía muerte cerebral, pero llevaba al hijo de ambos en el útero. El feto necesitaba tiempo para desarrollarse y sobrevivir.

Vojtech y Eva se conocieron en la escuela secundaria. Se casaron en 2014, y tres años después nació Matej. Durante el embarazo, Eva sufrió una convulsión epiléptica. “Se sometió a varios exámenes en los que encontró una malformación arteriovenosa en su cerebro”, explicó el esposo. Es una enfermedad cerebral en la que el sistema vascular carece de capilares pequeños. La sangre fluye desde las arterias directamente a las venas, pero no pueden soportar la presión alta, a menudo estallan y sangran en el cerebro.

Eva fue tratada y su condición mejoró tanto que los médicos le permitieron un segundo embarazo. “Estaba emocionada porque siempre quiso tener una familia numerosa”, confesó Vojtech.

El peor momento

En mayo de este año, Vojtech regresó del trabajo a la mañana temprano y notó que el pequeño Matej estaba llorando en la habitación. “Corrí escaleras arriba hacia el dormitorio y vi a Eva inconsciente en el suelo, todavía respirando. La malformación le causó una hemorragia cerebral masiva. Estuvo prácticamente muerta durante el transporte en ambulancia. No hubo posibilidad de ayuda ”, describió Vojtech.

El feto tenía en ese momento 16 semanas. Los médicos decidieron junto con la familia de la mujer, salvar al bebé, que pesaba aproximadamente 250 gramos. Pasaron casi cuatros meses desde que los médicos mantuvieron artificialmente viva a Eva, hasta el 15 de agosto en que nació Eliska. Pesó 2130 gramos y midió 42 centímetros.

“El caso es, sin duda, raro y se escribirá en la historia de la medicina mundial. Al mismo tiempo, confirma el enorme poder de la vida humana ”, dijo Pavel Ventruba, jefe de la clínica ginecológica y obstétrica. La condición de la beba después del parto fue buena. “Se quedó al cuidado de neonatólogos durante 14 días y luego se fue a casa con su padre”, dijo Ventruba. La tía de la nena se ocupó de la lactancia materna ya que recientemente fue mamá.

Como si nada hubiera sucedido

Los expertos tenían que controlar la respiración de la mujer, realizar análisis de sangre, vigilar la actividad renal y, sobre todo, controlar el suministro de nutrientes necesarios para el crecimiento fetal. Un equipo de personas trató de simular el entorno para desarrollar un bebé en el cuerpo de su madre: masajear el vientre, hablar con el bebé, tocar música, e incluso simular la marcha normal.

“La abuela le leía cuentos de hadas a la beba durante su embarazo”, dijo Roman Gál, Jefe del Departamento de Anestesiología, Reanimación y Medicina Intensiva.

Los médicos también tuvieron que luchar contra las infecciosas intrahospitalarias cuatro veces en total. Según los hechos conocidos, hay menos de 20 casos en todo el mundo que enacieron de manera similar. “Sorprendentemente, a pesar de todos los inconvenientes, el embarazo salió muy bien desde el punto de vista del bebé. Como si nada sucediera en absoluto , agregó Ventruba.