Crítica de “Mi amigo abominable” por Nicolás Largeaud

Es una película agradable, linda y con buenos momentos de comedia para toda la familia. Por la época en la que se estrena sabemos que no es la película taquillera como las que podemos ver en vacaciones de verano o invierno, pero funciona bastante bien para llevar a los más chicos a pasar un buen rato al cine.

Entretenida y con buenos gráficos podemos disfrutar una película que tiene una trama clásica, un personaje se pierde y otros lo ayudan a llegar a destino (Monster Inc, Buscando a Nemo, Lilo y Stitch, La era de hielo…). En este caso, y en contraposición a “Pie pequeño” otra película sobre yetis que lanzó Warner este mismo año, encontramos un ser mucho más amigable y tierno, poco comunicativo por falta de un lenguaje similar al humano, pero con poderes sobrenaturales.

No es para nada la película que vaya a quedar en la historia de la animación 3D por varios motivos. Lo primero es que el personaje principal no habla y cuesta empatizar con él. Si bien “Everest”, nombre con el que llaman al yeti por su hábitat, es un personaje tierno y no faltan los niños que en la sala de cine exclamen “ay, quiero abrazarlo”, no llega a ser el personaje por el cual corran a comprar el muñeco a la juguetería. En el mismo sentido los otros tres personajes humanos que ayudan al yeti a llegar a su hogar.

Sumando aspectos técnicos, la estructura es bastante buena, claro, es de DreamWorks (Shrek, Madagascar, Kung Fu Panda, y muchas más) que de esto sabe mucho; pero hay que dejar pasar por alto el guion que termina siendo escaso en cuanto a dinamismo, mientras uno espera a que pase algo trascendente, llega el clímax y termina la película. Un poco más de acción durante el segundo acto hubiera estado bueno y hubiera ayudado bastante al argumento.