La nueva (y controvertida) obsesión de la industria cosmética y de los dermatólogos se llama luz azul (HEV). Esta radiación del espectro lumínico, la que se sitúa entre entre los 380 y los 500 nanómetros, vendría a ser un 30 por ciento de la radiación que el sol emite entre las nueve de la mañana y las ocho de la tarde. En la era previa a la sociedad mediatizada y de la emergencia climática, exponernos a ese porcentaje no suponía ningún riesgo para la salud cutánea. Las dudas se plantean con la adopción de los nuevos hábitos, tras habernos convertido en seres cuyo rostro vive imantado a pantallas luminosas durante buena parte de nuestra rutina y cuando lo primero que hacemos al despertar –y lo último al apagar la luz de la mesita de noche e intentar dormir– es mirar fijamente a una pantalla en la oscuridad.

El 19 por ciento de los españoles pasa de media más de cinco horas al día mirando la pantalla del celular. El porcentaje crece año tras año y la innovación cosmética busca poner remedio y proteger en la medida de lo posible frente una sociedad que vive empantallada y normalizó las panzadas de scroll infinito en su modus operandi diario. Porque más allá del estrés que produce esa atención continuada hacia nuestros smartphones –que ha alterado nuestros niveles de cortisol, disparándolos y derivando a problemas como el estrés o la obesidad–, los dermatólogos y fotobiólogos están empezando a centrar sus estudios sobre cómo puede afectarnos este nuevo paradigma, ofreciendo respuestas frente ante un miedo que la industria cosmética ya comercializa. Las marcas de cuidado de la piel llevan años explotando este nuevo hueco en el marketing del rostro, asegurando que la luz azul puede ser dañina como el hecho de exhibirse a los rayos solares sin protección. Los dermatólogos, por su parte, comienzan a apoyarse en estudios para ofrecer respuestas ante este nuevo escenario.

¿Cómo está afectando al envejecimiento y textura de nuestro cutis este nuevo paradigma de consumo lumínico normalizado en un tiempo récord? Esto es lo que se preguntó la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV, donde se agrupan el 97% de los dermatólogos españoles) en su congreso de Barcelona el pasado mes de junio.

En la mesa redonda Controversias en fotobiología los ponentes llegaron a varias conclusiones. En primer lugar, que todo suma, porque no solo nos afecta la luz azul en la pantalla del móvil para apagar nuestro rostro. En concreto, un 37 por ciento de la radiación de un fluorescente pequeño es luz azul, las luces LED blancas emiten un 35 por ciento de luz azul, el porcentaje de esta luz emitida por la pantalla del móvil, de una tablet o de una televisión sí que es la más alta y asciende al 40 por ciento. A los efectos nocivos de la polución a la que nos enfrentamos día a a día, la luz azul también afecta a nuestra piel.

En segundo lugar, que el consumo abusivo de este espectro lumínico ayuda a demacrar y asfixiar nuestra piel, acelerando el envejecimiento y favoreciendo la aparición de manchas, tal y como destacó en la mesa redonda, apoyándose en diversos estudios entre 2017 y 2018, el doctor en biología José Aguilera: “Potencialmente, la luz azul puede producir daños cutáneos por estrés oxidativo. Esto va a activar a los melanocitos para que incrementen la melanina cutánea. También se ha visto que afecta al estado hídrico de la piel y a la barrera cutánea porque la exposición a esta radiación altera la síntesis de algunas proteínas. Todo ello puede revertir en un mayor envejecimiento y en una mayor pigmentación”.

El doctor en dermatología Rubén del Río expresó en dicho encuentro: “como dermatólogo no diría que [la luz azul] es una alerta roja, pero sí aconsejaría moderar el uso de las pantallas, aunque no tengan efectos tan negativos como la luz ultravioleta, porque seguramente estaremos haciendo un bien para la salud general”.

Barreras frente a la polución

La industria cosmética, como suele ser habitual, aprovechó este potencial nicho de mercado. Aunque en la comunidad científica aún no hay consenso sobre cómo afecta la luz azul al envejecimiento de la piel, la cultura de la cosmética antiedad y una nueva generación de consumidoras que ha interiorizado el marketing del ‘autocuidado’. Nuevas conversas que profesan un nuevo culto al tratamiento del rostro y que busca refugio en el cuidado facial como mecanismo de supervivencia. El caldo de cultivo perfecto para abrir otra línea de productos cosméticos.

Desde hace más de cuatro años, empresas de todo tipo han incluido la protección frente a la HEV en sus productos. El miedo a la oxidación cutánea por HEV es un hecho si atendemos a los productos que prometen aportar barreras ante ella. ¿Hay evidencias científicas de que la perjudique? Un estudio de 2014 afirmó que la luz azul produce más hiperpigmentación que la luz ultravioleta. Según la AEDV, apoyándose en un estudio de 2018, la luz azul también afecta a la barrera cutánea.

Natura Bissé, la empresa fundada en Barcelona en 1979 referente en innovación tecnológica, desarrolló la línea antipolución Diamond Cocoon para luchar contra este estrés oxidativo en nuestra piel, ayudando a la microbiota, reforzando la barrera cutánea y devolviendo la luminosidad a la piel. “Pasamos nuestra jornada exponiéndonos a la polución ya sea en el exterior o en el interior de edificios”, acalara a S Moda Elsa Vila, del departamento técnico y formación de Natura Bissé en un taller de cosmética antipolución impartido, simbólicamente, en el hotel Finca Serena en Mallorca.

Otras marcas del mercado también avanzan en la mercantilización de este tipo productos y ofreciendo protección frente al HEV. Desde las firmas de gran consumo –como la crema facial luz azul de Babaria– a las líneas de alta gama, la cosmética centra sus esfuerzos en colocar al HEV en un factor de riesgo cutáneo como hizo con el SPF hace unos años. Una de las primeras en aparecer en el mercado fue Supreme Day Cream de Dr Sebagh y, además de la línea Diamond Cocoon, otras firmas han investigado al respecto: está la línea Blue Techni Liss de Payot, el protector Solar anti-UV Orchidée Impériale Brightening and Perfecting de Guerlain o la Advanced Night Repair Eye Supercharged Complex Recovery, de Estée Lauder.