Cuando pensamos en robots, muchos soñamos con tener en casa una Robotina, la asistente cibernética de Los Supersónicos, que limpie, cocine, lave y planche. Pero lo cierto es que hoy contamos con inteligencias artificiales en la palma de la mano: teléfonos celulares, asistentes digitales controlados con la voz, y aspiradoras inteligentes, como las Roomba, que alguna vez pueden quedar atrapadas en una alfombra, pero limpian sin necesidad de un humano cerca.

Otro tipo de robots son los que fabrican en la Universidad de Yale, que permiten mejorar las habilidades sociales de chicos con autismo mediante un trabajo similar al que hacen los terapeutas y con una particularidad: logran enseñar y expresar emociones.

Construimos robots que son diseñado para involucrar a las personas y por eso queremos tratar al robot como si fuera un agente social en lugar de un objeto.

Brian Scassellati vino a la Argentina para participar de la conferencia organizada por la Universidad de San Andrés, el MIT Club y el Yale Club. Junto al argentino Miguel San Martín, investigador de la NASA, presentaron “Expansión de las fronteras de la robótica y la automatización”. TN Tecno habló con el científico de Yale sobre su trabajo en el mundo de la robótica.

  • ¿De qué trata su investigación actual y los trabajos que hacen en Yale?

– Soy un científico en computación y construyo robots. Están diseñados para decirnos algo sobre la forma en que los humanos y las máquinas pueden interactuar entre sí y, a veces eso significa aprender sobre los humanos. Otras veces, significa que estamos construyendo tecnología para poder servir a algún propósito valioso.

Muchos de los robots que construyo están diseñados para enseñar o entrenar o actuar como un terapeuta y están motivados por la idea de que no tenemos maestros ni terapeutas o entrenadores capacitados para que todo el mundo pueda tener uno cada vez que lo necesite, donde quiera, o que lo demande, en sus hogares.

Gran parte del trabajo que hice recientemente se centró en construir herramientas de enseñanza para niños. Pueden capacitar sobre matemáticas a chicos de 10 o sobre nutrición a nenes de cinco o asistir a niños sordos de seis meses con el lenguaje de señas.

Soy conocido por mi trabajo con niños con autismo, que es un déficit social. Nosotros construimos robots que entran a las casas y que trabajan con un niño y con sus padres todos los días. Hacen el mismo tipo de ejercicios y juegos que un terapeuta haría si la gente pudiera pagar un especialista así para que se siente todos los días con los chicos y sus papás.

Entonces por unos 30 minutos al día el niño se sentará y jugará con el robot y con sus padres. Y trabajan con el mismo tipo de juegos de terapia que harían con un terapeuta humano allí. Son juegos que se centran en cualquier cosa, desde aprender a turnarse o aprender a mirar a la gente a los ojos cuando hablás con ellos o a reconocer diferentes emociones de la cara de alguien.

Estos robots expresan emociones. Especialmente cuando estamos enseñando sobre las emociones, el robot modelará ese comportamiento y dirá “así me veo cuando estoy triste” y se verá triste. Y le diremos al niño que haga lo mismo. Tenemos robots diferentes, algunos más humanos y otros más robots que . lucen más como máquinas que como gente.

  • – ¿Cómo Wall-E?

– Claro, porque incluso con Wall-e podés saber cuando está triste, porque si está así la cabeza se inclina, los ojos se estrechan y los hombros se bajan. Vos sabés si Wall-E está triste o contento. Lo mismo pasa con nuestros robots. Estamos estudiando principios de los animadores para hacer que nuestros robots se muevan de una manera que la gente entenderá exactamente qué es lo que significa.

  • – ¿Ustedes les enseñan a los robots cómo mostrar emociones y luego los robots les enseñan a los niños cómo hacer lo mismo?

– Exacto. Y en general, cuando enseñamos sobre las emociones también les mostraremos imágenes o videos en una pantalla, para que puedan comenzar a identificar eso no solo con cómo el robot se ve triste, pero con cómo se ve la gente triste. Siempre tenemos mucho cuidado, porque no queremos enseñarles a los niños solo a responder a los robots, queremos enseñarles a responder a sus padres.

Por eso cada vez que hacemos estas terapias/sesiones, es el robot, el niño y el padre porque lo que el robot realmente está haciendo es vincular al chico con su papá, para que después cuando el robot no esté allí, todavía tenga estas interacciones con los padres.

– ¿Por este tipo de interacciones a veces a los robots se los trata como a personas? Los chicos a veces hacen una búsqueda por voz y piden “por favor” y “gracias”, como si hubiera alguien adentro, y los grandes solamente damos las órdenes.

– Desde nuestro punto de vista, construimos robots que son diseñado para involucrar a las personas y por eso queremos tratar al robot como si fuera un agente social en lugar de un objeto. No importa que se parezca a una computadora, a una tostadora o a una heladera, lo importante es generar un deseo de hablarte, que las personas estén dispuestos a atribuirles las mismas cosas que a una persona o a una mascota.

Encontramos formas para alentar a niños y adultos para tratar a este robot como si fuera un ser social. Hay muchos trucos, algunos se basan en la forma en que se mueven, otros son más sutiles como un robot que miente.

Hacemos que el robot juegue 20 minutos a “piedra, papel o tijera”, 20 minutos es mucho tiempo, es aburrido. Pero después de 20 minutos de repente el robot solo una vez lo engañará, le dará la mano y, cuando está perdiendo, la cambiará. Verá una piedra y cambiará la tijera por papel. Y el robot dice que ganó y la gente voltea inmediatamente porque no lo puede creer. Esto que era solo un objeto, inmediatamente se convierte en “alguien” y comienzan a hablar y hacen contacto visual con él y gritan y le dicen “no vuelvas a hacer eso”, pero siguen jugando para ver si el robot vuelve a hacer trampa.