Los centros de fertilidad ofrecen a las parejas de mujeres en las que ambas quieren participar activamente en el proceso maternal, que una sea la que aporte el óvulo y la otra la que lo geste en el útero. En la London Women’s Clinic, avanzaron con una opción donde la mujer que dona el óvulo es también la que lo incuba en su matriz durante las primeras 18 horas post fertilización, en lugar de hacerlo en el laboratorio. Pasado ese tiempo, el embrión se transfiere a la otra mujer que lo llevará en su útero durante nueve meses.

“Esta técnica permite la fecundación y el desarrollo temprano del embrión en el útero materno, mediante una cápsula, en lugar de llevarse a cabo en el incubador de un laboratorio, como se realiza actualmente en los procesos de Fecundación in Vitro (FIV)”, explica a Con Bienestar el médico ginecólogo especialista en reproducción asistida Fernando Neuspiller (MN 82815).

El doctor Kamal Ahuja, gerente y director científico a a cargo de este caso, señala que es el primer nacimiento en el mundo con maternidad compartida utilizando esta técnica, denominada ‘fertilización In Vivo Natural’ o AneVivo, iniciado por la empresa suiza Anecova.

La técnica consiste en la introducción de los óvulos y espermatozoides unidos en un dispositivo intrauterino (cápsula) para que la fecundación y el posterior desarrollo embrionario se produzca en el útero. Luego, se extrae el dispositivo y se procede a la selección de los mejores embriones que se introducirán de nuevo en el útero materno.

“La cápsula mide menos de un milímetro de diámetro, y tienes cientos de minúsculas aperturas para facilitar la comunicación entre el embrión y su entorno”, detalla Neuspiller y remarca que este método permite que la fecundación y desarrollo del embrión sea posible en un medio natural desde las primeras horas, facilitándole las mismas condiciones de luz, temperatura y nutrientes que existirían si hubiera sido concebido de manera natural. A su vez, involucra a los padres aún más en todo el proceso.

Jasmine Francis-Smith, de 28 años, y su esposa Donna, de 30, tuvieron en algún momento a su hijo en el útero. A Donna le extrajeron un óvulo que se fecundó en el laboratorio con esperma de donante. Posteriormente se lo implantaron en su útero para que lo “incubara” para después transferirlo al útero de Jasmine, que lo llevó hasta el día del parto: “Todo el proceso fue una experiencia increíble y obtuvimos todo lo que queríamos.”, declaró ante el diario británico “Telegraph”.

“Estamos contentas de que haya funcionado tan bien y de que la información esté disponible. Ayudará a las personas en el futuro: te acerca más en lugar de sentir que uno tiene un vínculo más que el otro”, coinciden.

El doctor Fernando Neuspiller aclara que al incubarse los embriones dentro del útero, el tratamiento implica un costo mucho más bajo que el método tradicional. Sin embargo, es menos efectivo que las opciones existentes actualmente.