Visitó un centro de migrantes en Bulgaria y allí compartió varios momentos con chicos sirios e irakies.

 

El segundo día del papa Francisco en tierras búlgaras estuvo repleto de actividades. Una de ellas fue la visita a un centro de refugiados, donde volvió a destacar la importancia de recibir a quienes huyen de sus países de origen, en medio de penurias, para buscar un futuro mejor.

Con cantos y coloridos dibujos, los pibes procedentes de Siria e Irak, junto a sus familias, recibieron al Pontífice en el centro de Refugiados Vrazhdebna, en las afueras de la capital de Bulgaria, Sofía. Allí, el jefe de la Iglesia católica les agradeció la recepción que le brindaron y reflexionó: “Los niños traen alegría en su camino, un camino no siempre bello, por el dolor de dejar su patria y tratar de integrarse en otra”.

“El mundo de los inmigrantes y de los refugiados es un poco una cruz, una cruz de la humanidad y la cruz es tanta gente que sufre”, expresó. Luego, Francisco dialogó con los presentes, les impartió la bendición y recibió los dibujos que le dedicaron los pibes. El centro de refugiados fue abierto en 2013, en un edificio en el que antes funcionaba una escuela. Miembros de organizaciones internacionales y ONG búlgaras se encargan del cuidado de quienes allí viven; mientras que la Cruz Roja local distribuye alimentos y artículos de higiene y brinda asistencia a los niños.