El exfutbolista asistió con su hijo Thiago a “Quien quiere ser millonario” para ayudar a los Bomberos de Reconquista.

Los hinchas nunca bajaron del podio a Gabriel Omar Batistuta, el “Batigol” goleador histórico de la selección argentina destacado por su mérito deportivo y su conducta, alejada de los excesos y prudente a la hora de dejarse seducir por la fama.

Junto a su hijo Thiago, el astro pasó por “Quién quiere ser millonario” con un fin solidario: “Vine con Norma Viola, que es la presidenta de las Damas Voluntarias del Hospital de Reconquista. Es un grupo de amigas que trabaja desde hace treinta años. Dan todo, hasta lo que no tienen. Hago torneos de golf desde hace tres años a beneficio de ellas, pero este año no pude, así que tenía que pedir ayuda. Y vine a pedir ayuda acá”.

“Yo dejé de jugar porque los tobillos no me daban más. Si me hubiese cuidado un poco… Llegó un momento en que quería que no me duela más. Estuve muy complicado, mi problema es que no tengo cartílago, no tengo tendones, nada, y me era muy complicado caminar. El año pasado llegué a caminar muy poco, dejé todo lo que hacía”, contó.

Luego de una primera operación hace ocho años, que lo alivió un poco, la tranquilidad llegó el 17 de septiembre. “Ese día me operé en Europa. Hacía años que estaba esperando, pero las prótesis de tobillo no son una cosa tan común”. Según contó: “Mi mujer no quiere que hable de esto porque doy lástima”.

También dijo que no volvería a una cancha de fútbol, pero que en cierto momento no puede soportar estar alejado del deporte que lo convirtió en ídolo. Parece nostálgico, algo triste. “No puedo ver el momento del himno cuando juega la selección. Es muy fuerte. Me levanto y me voy al baño o empiezo a mirar el partido diez o quince minutos tarde”.

Los Batistuta llegaron a 180 mil pesos, cuando una chicharra anunció que la definición del juego será en el programa del viernes. Bati se fue como llegó, ovacionado por la gente y reflexionando: “Ahora me estoy dando cuenta de lo que generé cuando jugaba. Le prestaba poca atención a la gente porque no me podía distraer. Ahora que estoy más libre, lo estoy disfrutando. Los sacrificios valieron la pena”.